Autor Ecuatoriano

Sebastián Endara

 

Sebastián Endara, Los Andes-Ecuador, 1978.

Bibliografía:

-En el más cercano límite del cataclismo. Ed Abya yala. Quito, 2006.

-El brillo de lo incierto. Ed Abya yala. Quito 2005.

-El Legado de los Héroes, Un libro Flecha. Casa de la Cultura Ecuatoriana Núcleo del Azuay. 2008

 

Poemas de Sebastián Endara

 


Crepúsculo

El crepúsculo acudió sombrío y celeste,
como el final de una canción triste,
como una vela a punto de matarse.

La media luna evocó una lágrima silente
y crujieron en mi paso las hojas
de un arupo florecido.

El chirrido de un columpio abandonado
último aleteo vespertino,
inventó aquel parque encantado;
atrás quedaron los brillos refulgentes
y la brisa mediadora del ocaso,
sólo el furibundo acompañante
que en noviembre es río desbocado:
Julián Matadero te arrojaste contra el puente
abrazando el corto camino de la furia.

Y en medio del trance hallé imposible
aquella mirada en la ausencia del tiempo,
¡sus ojos me durarán toda la vida!
Descubrí mi carne
sobre los cimientos de mi andar errante.

Es que así me he desatado yo del imperio,
victimario de mis soledades
caminando, sintiendo en las almas incógnitas
ese resplandor oscurecido.

Al girar la esquina del presente
vuelvo a mi destino,
los días lejanos se llevan una parte de la vida.
Por fortuna la existencia del poeta
comienza y termina en la fantasía.

 

Sangre generosa

Marea insólita
que aconteces y traspasas,
que preservas y derramas
las esquinas de lo imposible,
tejes la telaraña del tiempo
y albergas los ensueños
organizando el arco iris.

Destruyes la medianoche,
luchas por cualquier causa,
lloras hasta la sequía,
secas hasta la nostalgia,
y burlas las heridas genésicas,
en los ensueños.

Lo fabuloso de ti se nutre,
y pintas de realidad la esperanza,
proteges la forma inacabada,
levantas muros a la ruina,
reconstruyes la feliz escena del pecado,
cada vez que te alegras en el eco
del gemido cardinal.

 

Torbellino azul

He de cortar en tus venas mis venas
y he de fluir en tu sangre mi sangre.
Mi corazón se apaga mientras tu te enciendes,
bajo un árbol de signos resucitará mi melodía,
así sabrás que fue una canción de despedida
que utilizando la nostalgia pude vivir en el presente.

Imágenes y torbellinos acontecen mientras vibras,
mientras yo trasciendo impunemente hacia la nada.
¡Cómo quisiera volver a sentir tu cuerpo
sin sentir la angustia de perderte!

Si no fuera por los saldos de este amor que he guardado
ya habría partido hacia aquella llanura incierta,
estos designios me impiden evitar el dolor para siempre,
“la fortuna del masoquista”, diría tu padre en la penumbra.

 

Destrucción oportuna

Desde la profundidad de la impotencia
contemplamos el porvenir de una noche infinita.

Extrañamente en el pasado
hallamos pese a todo, destellos de coraje,
anhelo de libertad y ganas de arriesgarlo todo
aún creíamos en la justicia.
Dicen que en el pasado todo fue posible.

Nos abandonan las ideas
y con ellas nosotros también nos vamos
como si el mundo fuese perfecto
o la perfección fuese otra de las virtudes
a mitad de precio en el escaparate.

Y con las ideas también se fueron
de este suelo de emigrantes
los corazones y la esperanza.
Primero emigró la insurgencia
y desde el país de las maravillas,
se envía remesas al intelecto
y alguna que otra postal de la industria y el progreso.

Ahora, honestamente, cada cual dice;
-no sé qué es lo bueno ni qué es lo malo
¡ni me importa ya!
La lucha es una cosa del pasado:
Corazón, Idea, Justicia, Nosotros
Libertad, Sueño, Flor de la Anarquía;
temo mucho por mi vida
aunque esté comiendo mierda-.

 

Fuego

La vida es desordenada
y el orden la ordinariza.
Las gotas en la lluvia
simplemente caen.

Tu impulso es una fogata,
mi impulso la fantasía,
¿porqué he de sentirme culpable
si vivo de tu sonrisa?

Te oigo, me agio, te roigo,
sal de las piedras y encuentra
tu sol, tu atardecer y tu tristeza
para que mañana siembres flores
y a pesar de la muerte, amanezca.