POETAS DE LA EMOCIÓN
20 Poetas Ecuatorianos Vivos

(Antología publicada en Sevilla-España)

Manuel Zabala Ruiz
(Riobamba, 1928)

CUADERNO DEL SALMISTA

Tu voz acongojada en melodía
preludia en su rumor la caracola;
tu voz de nebulosa lejanía
viajera en el arpegio de la ola;
esa voz que inventó la luz del día
en sonata de sol y barcarola;
esa voz del Jordán que me dijiste
y vuelves a decir cuando estoy triste.

En los astros tu mano fundadora,
en la ría de plata refulgente,
en el rojo tumulto de la aurora,
en el motín violeta del poniente,
en la inleve magnolia soñadora,
en las palpitaciones de la fuente,
en la edición de lujo de las flores
y en el iris cuajado de colores.

Todo me diste para el tiempo incierto
que habitaré este cuerpo desnaciente;
amontonaste de dulzura el puerto
para la erranza por el mar doliente;
tuve tu amor de par en par abierto,
amor, amor legítimo y ardiente,
y tu palabra con dulzor de caña,
la que habló en el Sermón de la Montaña.

Me diste para el breve desentierro
la llorona guitarra enamorada,
la soledad con su portón de hierro,
la voz de la calandria en la alborada,
la esperanza en las rutas del destierro,
el verbo con su luz encarcelada
y la muchacha, música en la niebla,
boquita en luz y ojazos de tiniebla.

La párvula fogata de la rosa,
el mesón de Belén muerto de frío,
la huerta rozagante y buenamoza,
la piedra charlatana de mi río;
esta muerte puntual que nos acosa
en sueño y en fulgor y en desvarío
y el monte de los astros balbucientes
donde mueren de lila los ponientes.

El buche alborotado de violines,
las arpas con perfiles de canciones;
altaneros los gallos mandarines,
la romántica abeja entre ilusiones;
el aroma que teje en los jardines,
la placita de amor de los gorriones;
la linda mariposa de ojos brujos
que entreabre su cuaderno de dibujos.

La lluvia excursionista en el celaje,
mala traza el gorrión: mota de trinos;
el limonero con su verde encaje,
los búhos: querubines de ojos chinos;
la tarde pinturera en el paisaje,
los adioses que van por los caminos
y ese lado perfecto de las cosas
que aroman el vivir como las rosas.

Tú guardas el ocaso en la laguna
entre peces y cisnes de colores
y bordas los encajes de la luna
con dibujos de espejos y de flores;
tú incendias el plafón del agua bruna
donde sueñas dorados pescadores;
y dejas que se lleven los barqueros
un noctámbulo enjambre de luceros.

¿Con qué sedas bordaste la mañana
que me ha puesto a cantar como un jilguero?
¿Con qué trinos forjaste la campaña
que le ha puesto de plata al campanero?
¿Con qué esencias cuajaste la manzana
de rosa y miel y fuego colmenero?
¿Qué cítaras colgaste en los turpiales
que pulsan los cantores cipresales?

Me has pensado en amor desde aquel día
en que fundó tu mano el universo;
desde el pasado de la melancolía,
desde el escombro pálido del cierzo;
desde el rocío y su cristalería,
desde que la palabra se hizo verso;
y luego de pensarme en la semana,
me pensarás mañana de mañana.

Que me has querido va cantando el río
en su fabla de piedra melodiosa
y repite en brillantes el rocío
engarzado en el nácar de la rosa;
y me dice en su gozo manantío
el vaivén de la espuma vagorosa;
y el viento en el palmar estremecido
se me ha puesto a gritar que me has querido.

Te he visto en la pupila estremecida
que tiene en el suburbio la pobreza;
en la rústica mano encallecida;
en la madre que muere de tristeza;
en la muchacha que perdió la vida
cuando la vida a florecer empieza;
en el zaguán de un hospital perdido,
en la cárcel, la tumba y el olvido.

He sentido tu amor de tal manera
que vivo la ilusión de conocerte;
este amor es amor de primavera
sin abalorios de la mala suerte.
¡Alma mía! ya ves cómo te espera
más allá de la vida y de la muerte.
¡Hazle entrar, no sea que, cansado,
se aleje para siempre de tu lado!

Y ¡mira como soy de inconsecuente!
(Amargos son los vinos de mi vaso).
Te hablo de amor y mi palabra miente,
te digo ven y, al punto, te rechazo;
te ansío con el cuero y con la mente
y abomino el calor de tu regazo;
me habitas con ternuras de infinito
y, al poco rato, yo te deshabito.

Y así voy por mi mar, de tumbo en tumbo,
cayendo y levantando a cada paso.
Navegante sin brújula ni rumbo,
pirata en aventura y en fracaso.
Me yergo, a veces, y otras, me derrumbo
buscando una esperanza en el ocaso
y solo encuentro en soledad y frío
el carrusel chirriante del hastío.

De modo que yo tuve un paraíso
del Éufrates al Tigris de mi casa;
y permuté la gloria sin permiso
y perdí la zagala montaraza;
hice de la esperanza caso omiso
y de las ilusiones, tabla raza.
Ferié el amor, puse la dicha en venta
y todo lo perdí sin darme cuenta.

Mi vida es un puñado de hojarasca
en las manos traviesas del destino;
un ave fugitiva en la borrasca,
un puente desolado en el camino;
la muerte de la aurora antes que nazca,
parábola del triste peregrino
que perdió el principado y la princesa
por darse en cuerpo y alma a la tristeza.

¡Amigo Dios! ¿Qué puedo darte mío
si todo lo que soy tú me lo has dado,
este cuerpo de barro labrantío,
esta alma con su tiempo alborozado;
la libertad, el sueño, el albedrío,
el futuro, el presente y el pasado?
¡Permite, pues, que te devuelva en canto
este poema que me duele tanto….

 

Carlos Eduardo Jaramillo
(Loja, 1932)

CANCIÓN TRIBAL DE MIS YO

Digamos desde hoy. Pero así ha sido siempre.
Un yo mío se irá por un camino
tras el amor de Ella o empujado por su amor
otro yo seguirá acostándose con cualquiera
limpio feliz sin remordimiento
trabajará alguno para toda la comunidad
para la tribu entera de mis yo
hormiguita incansable samurái
un yo obsoleto se habrá quedado con las cartas
de las antiguas novias
tatuadas por el recuerdo de los actos de amor
otro jamás preguntará por nadie.
¿Quién está en buen camino?
¿quién es el extraviado?
¿con cuál te has encontrado tú?
¿con cuál te amigas?
¿cuál es tu rostro mío hermano / hermana?
¿con cuál te amo?
¿con qué beso te venderé?
¿con qué mano
me juegas a los dados?
Ah pero descartado mi yo amargo
y un escondido yo puro agradecimiento
mi yo que canta es aquel que hace tiempo
marcha feliz e indiferente por un camino equivocado.

 

Euler Granda
(Riobamba, 1935)

UNA FECHA Y EL MAR

Una vez,
un pescador
se fue cortando al viento;
tiró la red,
la recogió vacía;
en tanto ensangrentado el sol
con todo el peso de su cuerpo
se arrimaba en la tarde.
De pronto,
el mar
comenzó a sacudirse
como animal mojado;
el pescador cayó
en brazos de las algas;
en la espina de un pez
se fue su corazón,
aguas abajo,
y en la porosa playa
ese día encontraron
un pedazo de sal
semejante a una lágrima.

 

Fernando Cazón Vera
(Quito, 1935)

PREGUNTAS

¿valió la pena hacer las mismas cosas
y recorrer las calles y las plazas
con una misma piedra en el zapato?
¿valió la pena regresar temprano
y golpear a la puerta equivocada?
¿valió la pena haber guardado el hueso
para aferrarnos a esta perra vida?
¿valió la pena no doblar el codo
para lograr una victoria pírrica?
¿valió la pena haber perdido el hilo
al mirar por el ojo de una aguja?
¿valió la pena este remordimiento
que nos vuelve a enfrentar
a dios y al diablo?
¿valió la pena haberse desnudado
para hacer el amor con una estatua?
¿valió la pena arder a fuego lento
para así redimir culpas ajenas?
¿valió la pena repartir las sobras
con las manos vacías para siempre?
¿valió la pena haber resucitado
antes de que la muerte nos separe?
¿valió la pena ser la bestia herida
o nuevamente el cazador cazado?
¿valió la pena haber ganado el año?
¿valió la pena arar en mar abierto?
¿valió la pena haberlo dicho todo
para que no lo entienda casi nadie?

 

Antonio Preciado
(Esmeraldas, 1941)

HALLAZGO

Hoy saqué de la arena
un hueso que me ha pertenecido
porque tiene una señal de sangre
idéntica a mi mismo,
y el horrible dolor que me he palpado
siempre en el mismo sitio.
Además,
es del mismo metal
que en una uña de mamá he sorprendido.

Pues bien,
me haré una flauta,
compondré una canción a mi asesino,
y la saldré a tocar todas las lunas
a lo largo de todos los caminos.

De “Tal como somos” (1969)

 

Ana María Iza
(Quito, 1941)

ÉL

A Julia Erazo

Él
me espera en todos los caminos
tiene algo de labrador y de navío
por eso amo los surcos
los arados
y deambulo soñando en los estivos

A veces
creo verle surgir en la distancia
cuando revienta el girasol del día

Corro hacia él
y me recibe el viento
muerdo el vacío

Él
no tiene pasado
ni presente
y todo su futuro es mi agonía

 

Victoria Tovar
(Ambato, 1943)

Poesía Erótica

Escena l

Parado al borde del año 2000
pálido y anoréxico
solo y solo,
trata de recomponerse
Eros frente al precipicio
quiere redimirse.

Escena 2.

Entre la angustia del despido
y la desesperanza del pan para mañana
¿dónde está el espacio para el eufemismo
del amor?

Escena 3.

Eros está apremiado
por las urgentes certezas de Tanatos
unidor de fines y comienzos
en la frágil telaraña de la vida;
mientras la muerte luce
su exuberancia desbordada
por el escote la tentación.
Eros gime nostálgico
de los pezones de la angustia,
mira la posibilidad de poseer
la tierra prometida
y distraído cae de cabeza
en un agujero negro.
Llega por fin a la matriz divina.
Allí todo es color rosa anaranjado
igual a la caída de una tarde andina.

Escena 4.

Una nena de quince o veinte
inviernos y veranos,
rebosante de la vida, al uso,
en la ecuatorianidad
que divide la tierra,
divisa a Eros adentro del quirófano
que espía como la silicona
se hace una sola carne
con las glándulas mamarias.
Dicen que la sensibilidad
no se afecta
y que su futura maternidad
podrá deleitarse en la lactancia.

Escena 5.

Eros para los guapos
y bien formados.
Hay una cordillera
con sus piernas abiertas
y en el medio los valles agitados
con ríos turbulentos
serpenteando sus bordes
las marchas de la gente
en contra de las siglas TLC

Escena 6.

Al otro lado del corazón humano,
en algo diferente al chimpancé
del hígado, el riñón,
de ovarios y testículos
correspondientemente,
del otro lado
hacia la vista
del animal en ciernes
está la piel bañada de vitamina "E"

Escena 7.

Eros es un esnobista,
un novelero
quiere un carro último modelo,
pero debe aprender a conducir.

Escena 8.

Está a la vista una Mujer
de extremidades extendidas
de brazos y piernas exultantes,
lista para absorber el mundo
y sus alrededores.
Una Mujer magnífica
agarrada a la cola de un cometa.
Viste de negro riguroso
tiene ojos encendidos
y labios rojo intenso
y lleva en una mano una guadaña.
Eros está asustado, Tanatos está feliz.

Escena 9.

Eros observa la pirámide social
mientras voluptuosamente se chupa
un helado.
En la base, abajo y más adentro,
están en paradoja, calmados y agitados.
Su hoy es un ayer, que continua ahora
y seguirá mañana.
En la mitad de la estructura están desconcertados.
Hacia arriba están bien, muy bien,
aunque un poco asustados.
El helado se acaba,
se subió la glucosa,
Eros confirma que es diabético.

Escena 10.

En el escenario extenso
de un horizonte siempre inacabado,
Eros y Tanatos se hacen ojitos
se lanzan rayos cósmicos.
En el internet se enteran
de que es legal el matrimonio gay.
Sus manos ávidas
jurídicamente libres, al fin
recorren la piel del otro.
La humanidad asombrada
desnuda y transparente
asiste a la boda de dioses y de diosas.
Centellea el espacio en infinito juego pirotécnico,
eternidad de festejos y de farra,
m a ñ a n a, ¿quién sabe qué pasará?

 

Iván Oñate
(Ambato, 1948)

LOS HUESOS DE VALLEJO

Ya no veré París

Porque el tren en que arribe
estará cansado, cargado de vacas, de banano chorreando moscas,
de borregos para el matadero, de jóvenes
que consultan su destino en libros prestados y
en estrellas ajenas,

de travestis
que se depilan al apuro y con dos monedas
de espuma,

de ilusiones,

de ojos como los míos
estará cargado,

y limpiándome la cara con un trapo
me iré con los brequeros filipinos, con
los jóvenes esclavos
venidos de la Arabia
a beber un litro de vino en alguna cantina,
en alguna mesa taciturna
donde apoyaré mis codos y dormiré,

dormiré
hasta dar con los huesos de Vallejo,

con la dirección
de alguien
que resultó ser un terreno baldío,

o con los ojos
de la portera
que despertándome
me lanzará fuera, afuera de la pensión
y me encontraré en una plaza
rodeado
por desconcertados muchachos, que como yo,
nada saben
de los que vinieron
o no vinieron, de los que se quedaron en el mar o
en una cantina
dándole vueltas a París,

como en este sueño.

(De Anatomía del Vacío, 1988)

 

Sara Vanegas
(Cuenca, 1950)

POEMA

te hamacas a media tarde sobre mi mirada amante
me sonríes
y hay un río de miel entre tus labios ávidos
convoco las campanas los tréboles los mares
y voy hacia ti cantando
pero la tarde hace un paréntesis maldito
y me lanza de bruces a la realidad:
este solo poema

POEMA 7

escupo tu nombre en el agua
mientras la noche lanza sus escorpiones sobre mi corazón
averiado y cobarde
la luna cada vez más alta
el aire en llamas
y el agua...
el agua que envenena mis labios

 

Catalina Sojos
(Cuenca, 1951)

ARENA

Cuando el hombre llegó me ofreció un ramo de rosas, yo deseaba un
espejo; me negué a aceptarlas.
Sonrió y se marchó en silencio.
Pasaron seis meses hasta que apareció con un violín, yo deseaba una esfera; me negué a aceptarlo.
Sonrió nuevamente y se marchó en silencio.
Anoche volvió, me entregó una espina.
La acepté silenciosamente, entonces el hombre se deshizo delante de mis ojos atónitos.
Ahora cargo mi espejo, mi espacio y mi espina pero sigo deseando la arena de su cuerpo que desapareció con la última ofrenda.

 

Jennie Carrasco Molina
(Ambato, 1955)

Amor filial

A los cuatro años saboreé el fruto prohibido
el cosquilleo de su barba
me columpiaba en un vértigo azul
el cigarro lo convirtió en héroe de celuloide
sus ojos de miel
su voz
me bañó y me contó cuentos de las mil y una noches
me hizo dormir.

Yo era la favorita de su corte
guardaba en secreto
su idolatría y su predilección.

Un día se fue
y me quedé sin sus brazos
fui música sorda, repetición de lamentos
desfallecí sin su olor, sin sus palabras.

De lejos llegaban sus cartas
sus fotos que yo besaba a oscuras
también sus silencios largos y su nada.

El esqueleto de venas transparentes
en que se ha convertido
me seduce
pero su corazón está por estallar
es tarde
hay una sombra que lo apalea
un monstruo que lo habita.

Se va a morir uno de estos días
y yo lo buscaré eternamente
en los brazos de otros hombres
en brazos de todos los hombres.

 

Carmen Váscones
(Guayaquil, 1958)

Gitano y gitana
desnudos de la muerte
se persiguen sin miedo

Preciosa sale al encuentro
romancero la abraza

Lorca anota la escena

Aventura encontrarse
con el carabinero

Todos echados a la suerte
en ese instante

Cubro la noche con mi cuerpo
ciego al asesino

Al joven poeta
lo abrazo con ternura
le digo despacito
ellos se aman solos
y para siempre

-Regreso a mi escenario-

Él sigue desprevenido
la soledad lo sigue

La mía parece mi sombra
acechando no sé qué.

(Del Libro inédito: Un solo de mujer - I parte: Soledad pagana)

 

María Fernanda Espinosa
(Ecuatoriana nacida en Salamanca, 1964)

MATILDE

Matilde
quiero traerte en el trapecio de la memoria
eres café pasado
pinol
los idiomas de los animales
los secretos que compartías con el canario
el pan remojado que pasabas
de tu boca a la boca del gato
o a la mía
quisiera llevarte más por dentro o por fuera
en el marsupio de mi espalda
en mis tatuajes internos
en mis plazas parentales
en mis rústicas palabras
quiero alojarme en tus arrugas
quedarme con algo tuyo.

Por ti supe que los duendes se hacen trueno
al pie del sauce
que las fiestas de la cosecha se cantan
envueltas en mujeres con enaguas de sigse
aprendí de flores y ungüentos
los frotes con colonia y caldo
para el espanto y la pena
quiero acordarme
de tus lecciones de botánica
de cocina
de curaciones digitales
tus bálsamos de eucalipto y menta
o tus amnesias selectivas
antídoto para el llanto.

Tengo una joroba de demonios por dentro
demonios con antifaz y piernas de cadmio
cúrame
cúbreme de flores como a Ofelia
hazme peso pluma
pluma del canario que te crecía en las manos
cántaro con grietas tus manos
riégame té de paciflora o valeriana
sóplame agua de tilo
tengo cristales de cuarzo en los ojos
no veo
los frailejones
los pencos de hoja ancha
ya no están
el páramo se devoró a sí mismo
decías que el páramo no come a su yunta
pero sí
tampoco están los lagos
que se tragan las garzas
o los mirlos desplumados
quiero ver
pónme colirio de aguas de azahar
de flor de mandarino
pónme saliva de lince
quiero verte
es que la miopía es como la amnesia
un cuarto sepia con filos borrosos
un saco de arena con gusanos
de eso sufren muchos por aquí
pájaros coronados
hormigas con cabeza roja
tigres reales
toda la fauna de este corral
olvidar es no ser
me enseñaste que la memoria es como andamio
como canasta de vigas que nos sostiene.

Entre los espíritus que crecen en los maizales
las vírgenes preñadas y los santos sin nombre
recobro tus trenzas envueltas en sogas de colores
envolviendo tus ideas fijas y circulares
matizando las canas
el verano es siempre el mismo pero otro
me decías
la lluvia es el agua que les sobra a las nubes
y las gotas son porque el aire es cedazo
como cedazo es la memoria
la amnesia es cuando el cedazo se rompe
y el agua llega en caída libre
el olvido inunda.

Nunca conociste la selva
pero estaba en ti
eras heliconia
níspero
chontaduro y camote
las alfareras
las cultivadoras de yuca y jicamas
las danzadoras
tienen tu perfil de guerrera
tus silencios
la tierra en las uñas
los pómulos en punta
los ríos de tanino
se limpian con tus cenizas
las lianas
crecen
cuelgan
envuelven mi recuerdo de ti.

Tengo frío
cobíjame con piel de foca
de oveja en celo
vísteme de humo tibio
cicatrízame con sangre de drago
savia de cactus
o mejor
con tu saliva que teje y moja
como granizo
que se estrella contra piernas beatas.

Cómo parecérteme
si lo único que tenías de postizo son los dientes
estoy patoja
tengo un clavo de pólvora
que me atraviesa la médula
quiero volar como guacamaya púrpura
hasta atraparte
pero el viento es hueco
no te vayas
si tú como el páramo no devoras a tu yunta
no me dejes
lábrame
cúbreme de humus
pódame
hazme un bonsai con tus semillas
alójate en mis arrugas
báñame de espuma
y vértigo.

El eco de tu nombre en la memoria no alcanza
haz que los duendes dejen de ser nómadas
en las cabezas de los sin memoria
que el pinol se desgrane
por las gargantas de los otros
hasta devolverles el paladar
no dejes que los sigses se deshuesen
o rompan las enaguas secas de las momias
haz que las mujeres
se mojen los tobillos antes de gritar
pero que griten
habla con los pájaros
para que recobren el silencio
y puedan parir
planta musgo y líquenes
en las acequias estériles del páramo
recobra los párpados de los que no quieren ver
dibuja en sus córneas escenarios de tiza
bosques de lava
hombres y mujeres de espaldas
sin tocarse
cuando los ciclos te devuelvan al monte
avísame
quiero recogerte pedazo a pedazo
hacerme una cobija con tus trenzas
ahí me envuelvo
así me quedo.

 

Pedro Gil
(Manta, 1971)

 

A pesar de los pesares
A Yuliana Marcillo

A pesar de los pesares,
tendrás amor, tendrás amigos,
tendrás amor.
Goytisolo

No estaba en mis planes vivir tanto.
Mi tendencia a engordar y perecer,
La sobre población de mis arrebatos
Esos cerdos que fueron mis juguetes,
La mujer buena en la cama y en la cocina,
Que acondicionó dos metros de aire
Para que las pesadillas de la infancia
No me fastidiaran,
Los desmayos frutos de mis melancolías
Y no de ausencia de medicamentos,
La hernia por esforzarme en mis cavilaciones,
Todo y todos pronosticaron lo contrario.
Y yo, que he caído y recaído de pie,
Como los gatos,
Que edifico mi autodestrucción afrenta tras afrenta,
Que estuve a las órdenes de un dios engreído,
A los 38 años me doy cuenta que no sirvo para nada,
Para nadie.
Nunca he servido para nada ni para nadie.

Cambio, pensamientos míos, si hubo cambio,
En el país de las estaciones agarré el tren más frenético y volví peor,
La tímida mirada de la lluvia,
La tímida mirada del alma
Trasmutó en una temible mirada que la llevo dentro,
Invisible, invencible.
Viajes que no me llevaron a ninguna parte.
No me quejo, no culpo a nadie.
Tal vez fue mi falta de modales, y ambición.
Sólo déjame morir, vida mía sólo eso.
Porque no hay dios que aguante tanto resentimiento
Ni hay diablo que quiera un alma tan enfermiza.
No me quejo. El fracaso es real,
Mi silencio infrahumano es real,
Otromundos,
Más enfermo más artista,
Menos amor humano. Eso es lo real.
Hasta que a mi trabajo llegó una bella chiquilla con bellos poemas
A decirme que la poesía no se llama tristeza.
Con una ternura sobrehumana me pide que me quede,
Que sirvo para alguien.

Le recuerdo querida poeta, la crueldad de Dios:

Él me dio la vida. Él me la quita.
Pero usted me recuerda que las malparidas esperanzas
Cuando menos se esperan, resucitan.

Diviértase. Agarre el tren insufrible
Porque larga es la carretera.
Aquí entre nos, le cuento:
Tuve hembras
A quienes defraudé. Les robé los corazones.
Pero se los voy a devolver, a mí para nada me sirven.

(De Soledumbre, varios autores, Editorial Mar Abierto, 2009)

 

Freddy Peñafiel
(Quito, 1972)

declaración de amor con pata de palo

yo
pirata solitario
con pocos pelos en la lengua
y luenga barba
con cabellos enredados
una pata de palo
lentes para ver un mundo que no me gusta,
esta mañana
bajo un eclipse de luna
declaro:
que a la bodega de vinos de mi barco mayor de pirata
le faltan botellas que guarden tus besos
durante la noche
que a la bodega donde están los tesoros robados
a otros piratas más despistados
le faltan tus abrazos
una mirada atrevida
tu sonrisa
que a la bodega donde guardo mi corazón
le falta el pedazo que te llevaste
jugando a las escondidas
dentro de tu oreja
que a la bodega de la música
le falta la que bailé contigo
que en la bodega donde tengo
junto a la proa
el mapa del futuro
estás impresa como puerto de llegada
con mis miedos por testigos
pongo en esta hoguera de silencio
mi pata de palo
el único ojo de vidrio que me queda
mi luenga barba
cabellos enredados
para hacerte señales de humo enamorado
y que vengas a dormir
en mi camarote de sirenas atrapadas
donde siempre el mejor lugar
es para ti....

 

Ana Cecilia Blum
(Guayaquil, 1972)

LLUEVEN LÁGRIMAS (QUE CURSI) Y SIN PARAGUAS

La tristeza se riega
como agua de lluvia,

corretea por las calles,
se enreda en los botines,
se mete en tu vestido.

La lluvia y la tristeza
son la misma cosa
y a menudo
te empapan.

 

Marialuz Albuja Bayas
(Quito, 1972)

Esto de mirarnos a la cara
y descubrir dos peces en los ojos
Violeta Luna

Esto de no dormir
de quebrarme
de alzar la cabeza a las tres de la mañana
para rumiar no me acuerdo qué cosas.

Esto de verme las manos como si no fueran mías
porque unas venas azules, gruesas y serpenteadas ahora las surcan.

Este deseo de huir
tras la niebla húmeda de la costa
y no volver más al escritorio, a la calle, al ropero.

Esto de dar, en voz alta, consejos que van para nadie
para mi abuelo cuando era novato
para la puta que descubrí en una calle de Santo Domingo
para la Pájara Pinta, que ayer extravió su quietud…

¿Acaso todo esto será El Desamor?

 

Julia Erazo Delgado
(Quito, 1972)

ÁNGELES

a Juan Xavier, José y Josué

en una ronda bailan los niños

el primero una moneda al aire
echa la suerte
aviva volcanes a punto de extinguirse

el segundo una moneda que rueda por el suelo
roza el mundo
se forja sobre el pavimento

el tercero una moneda de agua
se escapa
mas regresa en tardes de lluvia y de llanto

 

Xavier Oquendo Troncoso
(Ambato, 1972)

SOLOS
Todas las voces

)2(

Cerca de la avenida repleta de silencios
viven todas las familias de los solos.
Unas son ciegas. Otras han perdido
el olfato y amaestran un perro
que les sirve de lazarillo.
Las más perdieron la memoria
y están sentadas a la derecha
de su soledad.
Muchas machacaron sus oídos
para no escuchar el motor
de sus recuerdos.
Pocas no disponen
del sentido del gusto,
pero tienen hambre,
y apenas todas tienen miedo
de enfrentarse a su miedo.

)6(

Aquí estamos los más solos que nunca. Los que ni Dios pudo sacarnos la costilla. No pudimos oxigenarnos en el paraíso. Fuimos arrancados por algún misántropo divino.
Ahora hemos alquilado unas compañías que llegan a la hora del té. Ellas crecen como una madreselva en las paredes de nuestra piel cicatrizada.

Estamos lactando de la mama única, la que se fue hace siglos, dejándonos sólo el pozo del corazón. Alejándose, como un cucurucho arrepentido, de la cruz del Medioevo.
Las compañías no cruzan por nuestras silentes penas. Solo se ocultan tras el armario vacío que tenemos en mitad de nuestro desierto.

)8(

Allí viven dos solos
que han decidido desunirse del sistema.
Quieren poblar sus soledades divididas,
cortadas por el hacha astuta
de Dios -principal solitario
que nació de nuestra semejanza-.

)9(

Recomendamos tomar su equipaje de mano.
No regresar a ver al que está al lado
porque no existe.
Aquello que usted ve
es el reflejo de un holograma azul
que convive con su realidad virtual.
Usted está en el sombrero del mago
que luego desaparece.
Cualquier conejo aparecido
es un simple gesto de cortesía.
Si está pensando aparecer en grande
no espere. Que los solos
tienen siempre una medida estándar.

)12(

El que no esté solo
que lance la primera piedra
contra él mismo,
contra el espejo de su bruma,
contra su deuda auto impuesta.
Que se levante y camine,
que busque un espacio en la muchedumbre,
que baje las escaleras,
que llegue en el montón hasta los trenes,
que busque su boleto,
que haga el amor con una máquina.
Que no mire más que carteles
de otros solos que cantan,
que actúan, que pintan.

)13(

No hay que buscar a aquel que nos cobije.
Es solo la manta lo que importa.

 

Corina Dávalos
(Quito, 1977)

Encuentro

Salí al lugar de siempre,
Por si te encontraba,
y no.

Pasé por el lugar de siempre,
Por si habías vuelto,
y hoy no.

Volví al lugar de siempre,
Miré (quizá estarías pasando tú también).
Pero no.

Y así cada día:
Salgo, paso, vuelvo, miro...
no vaya a ser
que justo hoy,
cuando tú sí,
resulte que
yo no.

~ ~ ~ ~ ~

 

Semana de la Emoción
del 17 al 23 de febrero del 2013

Poetas de la Emoción
Ediciones Isla de Sistolá
Colección Vela de Gavia
Sevilla, España, 2012

Autores: Manuel Zabala Ruiz | Carlos Eduardo Jaramillo | Euler Granda | Fernando Cazón Vera | Antonio Preciado | Ana María Iza | Victoria Tovar | Iván Oñate | Sara Vanegas | Catalina Sojos | Jennie Carrasco Molina | Carmen Váscones | María Fernanda Espinosa | Pedro Gil | Freddy Peñafiel | Ana Cecilia Blum | Marialuz Albuja Bayas | Julia Erazo Delgado | Xavier Oquendo Troncoso | Corina Dávalos

Editor: Javier Sánchez Menéndez (Poeta, editor, traductor y ensayista español)