Autor Ecuatoriano

Pedro Rodas


CONFESIONES DE MARZO

 

Hermano mío, desearía que este texto se llame confesiones de Abril, para que el mes con su beldad, renazca mi estrofa, y el clima de sus treinta días de templanza a mi palabra muerta.

Desearía que el inicio de la primavera no solo cautive los jazmines, sino que sea generoso con mi pluma abandonada sin aroma. Que los ríos enamorados se paren y me dirijan por la autopista de la composición abarcadora, para dejar a un lado las carreteras polvorosas que me llevan al día errante del verso débil.

Quisiera conocer la belleza para luego soñar con el arte. Te vendería mis arboledas obscuras en las que se inspira la golondrina matizada, para obtener claridad en mis rimas.

Quiero caminar por la ciudad extensa, recorrer las riberas, cruzar los parques de los libertadores olvidados, tropezar, levantarme, correr tras el pétalo volador, sentarme en una banca abandonada por las hormigas, y luego negociar contigo, para cambiarte esta realidad, este acorde, esta entonación, esta sombra tangible, la experiencia en el alba, las observaciones tenaces, las horas de vuelo... por un minuto de vida a mis textos.

Quisiera dejar a un lado mi descripción de sendas nocturnas, adoquinadas de faroles amarillos, con neblina y lluvia, para descansar en el sol de las cinco de la tarde, ocuparme en interpretar la magnolia ilusionada.

Hermano mío, cómo deseo mudarme de la tierra que seca mi papel, para redactar en el mar, junto al atroz delfín. Y en mi embarcación llena de rosas de Martí, tener la ilusión de ser un escritor renovado en Abril.