Autor Ecuatoriano

Jorge Dávila Vázquez

 

Jorge Dávila Vázquez (Cuenca, 1947). Doctor en Filología por la Universidad de Cuenca. Docente. Escritor y crítico de arte. Ha publicado María Joaquina en la vida y en la muerte (novela) y Este mundo es el camino (cuentos), Premio “Aurelio Espinosa Pólit” 1976 y 1980; Los tiempos del olvido (cuentos), premio CCE, 1977; Con gusto a muerte y Espejo Roto (premio CCE, 1990) (teatro); De rumores y sombras (novelas cortas), 1991; Cuentos breves y fantásticos y Acerca de los ángeles (ed. trilingüe), 1995; César Dávila Andrade, combate poético y suicidio (ensayo), 1998; La vida secreta (novela breve) y Memoria de la poesía (lírica), 1999; Piripipao (novela breve) 2000; Historias para volar, Entrañables, Libro de los sueños (Premio Joaquín Gallegos Lara, 2001) y Arte de la brevedad, 2001 (cuentos); Río de la memoria (poesía), 2004 (ed. venezolana) y 2005 (ed. ecuat.); La luz en el abismo (antología de cuentos, Campaña de Lectura “Eugenio Espejo”), 2004. Minimalia, cien historias cortas, 2005, y La noche maravillosa, antología personal, Libresa, Antares, 2006. Árbol aéreo (lírica), Bienal de Cuenca, 2008. Temblor de la palabra (antología de lírica), CCE, Quito, 2009. Diccionario Inocente (lírica para niños), Tucán Ed., Quito, 2009. Espejo roto, en Teatro, Eliécer Cárdenas E. / Jorge Dávila V., Cuadernos de Literatura Imaginario (5), Casa de la Cultura Núcleo del Azuay, Cuenca, 2010. La Diminuta Voz (poesía infantil), Quito, 2013.

La obra de Jorge Dávila consta en antologías nacionales y extranjeras, con textos traducidos al francés, inglés, alemán, portugués, italiano y hebreo. Actualmente Jorge Dávila Vázquez colabora en numerosas revistas impresas y digitales, y escribe para El Mercurio de Cuenca, Diario Hoy de Quito y Mundo Diners.

 

MUESTRA POÉTICA

De: JARDÍN PROHIBIDO

1

Jardines de agua
en Granada:
la Alambra,
el Generalife.

Aún se siente
el aroma de azahar
de una leve
princesa.

Aún se escucha su voz
que canta,
entre los surtidores,
la noche y su misterio.

 

2

Tu beso
en el crepúsculo.

Y más allá
los grandes árboles:
su proa
hacia la sombra.

 

3

Los jardines
del tiempo
y la memoria
se extienden…
ilimitadamente.

Al borde del horizonte
crecen lilas
y se siente
el perfume del muguete.

Manos de niebla,
tímidas, delicadas,
traen la primavera
en esas flores,
otra vez
a la puerta.

En la penumbra,
callados,
nos miramos.

 

4

Nada queda
del jardín de la infancia.

Nada.

Ni las pequeñas rosas
en su macizo
que cobijaba
sueños.

Ni la acequia
con su rumor insomne.
La madreselva
ha muerto,
un rastro de perfume
quizás quede
en otro aire.

La gran piedra
bordeada de violetas,
ya solo es un fantasma,
hueco, solo.

Canteros
de amarilis florecidos
los sepultó
la hierba,
extinguiendo
la hoguera de sus pétalos.

Nada.

No queda nada.

De pronto, el grito:
la pequeña escalera
de piedra
que bajaba hasta el huerto
sigue allí,
casi intacta,
como un extraño
espectro
que no conduce ya
a ninguna parte.

 

5

Anónimo jardín
de estatuas vivas.

En lo oscuro
grazna un ave de agüeros.

Y un cuerpo
que se enlaza a otro cuerpo,
a la luz imprecisa,
se finge tronco
de un pino retorcido.

Unas manos
que buscan otras manos,
unas bocas
que llegan a otras bocas,
son como hojas,
movidas
por un secreto
viento
que palpita
en la noche.

 

6

¿Quién era esta Teresa,
dueña del vasto jardín
de las magnolias?

Nadie lo sabe.

Solo las grandes flores
que se abren
en las sombras,
con su denso perfume
que la busca,
como animal doméstico
anhelante:
Teresa.

 

7

Se pierde
en el olvido
aquel jardín nocturno
en que la mano
que rozaba
otra mano,
era una flor secreta
en las tinieblas.

 

8

Jardín del Luxemburgo
a la luz de una estrella,
se estremece,
tras la cerrada verja
protectora.

Hay un suspiro de árboles
y un quejido del agua
mientras la hierba
palpita ensombrecida.

Todo añora los cuerpos
que en otra hora,
sobre el verde tapiz,
húmedo y escondido,
se amaron
bajo los astros pensativos.

 

9

Furtivo,
un gato
atraviesa
el jardín familiar.

La luna brilla.

Todo preludia
la batalla próxima
y el contrapunto
de feroz maullido,
entre dos cuerpos
felinos que se encienden
como antorchas secretas
en las sombras.

 

10

Hecha de polvo y noche
era una sombra fugaz,
en la avenida.

Nocturna sombra
en un jardín nocturno.

¿Qué buscabas?
¿Un trasgo, un duende
un ánima?
¿Otra sombra fugaz,
cruzando la avenida
de ese parque nocturno?
¿O buscabas,
quizás, la noche misma?

 

De: EL VIENTO Y LA CENIZA

1

Tanto amor
tantas palabras…
Sopla un viento
de adiós y nada queda.

 

2

En el desierto
se alza la rosa del sueño.
Luego ya solo es
un breve montículo dorado.

 

3

A veces, pasa un ángel
y roza la ceniza con sus alas.
Queda como una leve huella
de algo que fuera el vuelo.

 

4

Cenizas y palabras,
viento y olvido,
Nada más somos,
por eso palpitamos.

 

5

¿Y ese pequeño hueso?
No, esa no es parte
de la ceniza suya:
Solo vigila el fuego.

 

6

El viento brama
en las más altas torres
Ay, bestia de los fuegos.
Ay, toro de ceniza.

 

7

Toda la flor
que te ofreció mi mano
es apenas recuerdo,
fantasma de cenizas.

 

8

A veces como que
te iluminas, resplandeces,
luego todo es vacío,
consumido, te apagas.

 

9

Miras el retrato:
el dulce rostro,
la sonrisa amada.
Devastador el viento, nada deja.

 

10

Sopla una suave brisa,
desordena el cabello.
El viento del ocaso
sus cenizas dispersa.