Literatura Latinoamericana

México

Araceli Mancilla

 

POEMAS DEL LIBRO : ANIMALES

 

Animales

A Begoña y Ricardo

 

1.

Pájaros

¿Son del cielo,

o de los mares, de los lagos y los ríos?

¿Cuándo la evolución les dio la gracia de cortar el aire

y atravesar las aguas?

Dueños de sí, raudos en su poder aéreo, acuoso, gravitante:

pájaros nadando en el espacio;

aves que vuelan en la profundidad

del estanque.

Pasan de un elemento a otro

haciendo gala de su don:

visión de lo increíble

atrapada en las paredes de un acuario.

 

2.

El castor

El castor duerme.

Sueña un lago de aguas heladas

alimentado por nieve de primavera que comienza.

El espacio es de altos verdes, colinas blancas,

de metálico azul en movimiento.

Al animal lo anima el olor de ramas estancadas,

la tierra desprendida en tallos y tubérculos.

Hojas de viejos abedules deleitan su hocico

y escucha el aullido del lobo en la montaña.

El castor entra en su cueva de raíces

hacia musgos de humedad impenetrable.

Nadie lo encuentra ahí.

En sueño artificial

dentro del Zoo

sólo es una criatura graciosa

recostada sobre brazos

que no quiere despertar.

 

3.

El petirrojo

¿Cuál es la misión del petirrojo?

Siempre regresa y se detiene allí,

en la alambrada

como un corazón expuesto,

palpitante,

a punto de volar.

Mas detenido unos instantes,

rodeado del cielo y de las nubes

lo observamos:

un corazón alado,

una gota de sangre que se agita

en el mar de luz.

 

4.

Remolino (mono araña)

Enrosca en mi cuello el pelaje de su cola,

 

irresistible delicadeza

de la que nace la caricia corporal,

el goce tierno.

Tocan sus pequeñas manos

- con dedos demasiado largos,

detenidos en la evolución,

de uñas oscuras-

la tibieza de mi pecho.

Por un segundo

nos miramos intensamente

desde un conocimiento arcaico

anterior a nosotros.

 

Y después ovilla en mi regazo,

en mis ganas de su amoroso juego

-antes de volver a la jaula-

la conclusión del hallazgo.

 

5.

Nana

(mascota de muchachas)

ladrido de hembra

que cabe en una mano,

en una copa de desvelo

estudiantil:

eres del tamaño preciso

para nuestros besos

de jóvenes ninfas.